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Jan. 07, 2013

Sincronizando con amigos

by Irene Jarchum

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¿Alguna vez te has dado cuenta de que sin querer has sincronizado tus pasos a los de un amigo que camina a tu lado? O ¿has escuchado a una audiencia sincronizar de a poco hasta aplaudir con un ritmo regular? 

Un trabajo publicado recientemente en la revista Scientific Reports demuestra que esto de la sincronía es un fenómeno real que se puede medir de forma cuantitativa. Además, los resultados indican que las interacciones sociales entre dos individuos aumentan la sincronía corporal entre ellos.

Para estudiar estos procesos, los investigadores eligieron un movimiento sencillo: el de la punta del dedo. El experimento comienza así: mientras un individuo mueve la punta de su dedo, el otro debe intentar mantener el propio quieto. Durante el segundo paso, en vez de mantener su dedo quieto, el individuo debe intentar seguir el movimiento del otro. Para concluir la sesión, los dos repiten el primer ejercicio, uno mueve su dedo y el otro intenta mantener el suyo quieto. 

Los hallazgos fueron sorprendentes: en primer lugar, los científicos observaron que la sincronía ocurre solamente cuando se le indica a uno de los individuos que intente mantener su dedo quieto. Esta sincronía es imperceptible a simple vista porque el movimiento es tan pequeño que el ojo no puede verlo. Para medirla, se utilizaron indicadores infrarrojos en la punta de los dedos y cámaras capaces de detectar estas señales. 

“Sólo hay verdadera sincronía cuando el movimiento es inconsciente”, dice Kyongsik Yun, que llevó a cabo el estudio junto a sus colegas del California Institute of Technology o Caltech. “Cuando les pedimos a los sujetos que conscientemente repitan el movimiento de la otra persona, la sincronía desaparece”, continúa. “Esto ocurre porque cuando se intenta replicar el movimiento, hay una demora de unos 100 a 500 milisegundos, ya que la señal debe viajar del ojo al cerebro y desde allí hasta el dedo. Pero cuando la sincronía es inconsciente, no se observa esta demora,” explica el Dr. Yun. 

Otro hallazgo importante del estudio es la observación de que la sincronía es mayor durante la última etapa del ejercicio, después de que los individuos han tenido entrenamiento y han interaccionado. 

Para saber qué parte del cerebro está involucrada en este proceso, los científicos midieron la actividad cerebral de los dos individuos mientras llevaban a cabo el experimento. Colocaron 128 electrodos, que es un número muy alto, sobre la cabeza de cada uno de ellos. Y esos electrodos se encargaron de trasmitir la actividad neuronal de los participantes en el experimento hasta una computadora. 

“Descubrimos -dice el Dr. Yun-, que las neuronas que se activan están en una zona del cerebro relacionada con la actividad social. Esto implica que la interacción social es la que aumenta la sincronía entre dos personas.”

Los investigadores repitieron los experimentos en personas que sufren de ansiedad en ambientes sociales y que tienen más dificultades para relacionarse con otros. Entre estos individuos no aumentaba la sincronía ni después de haber hecho entrenamiento o interacciones previas. Esto indicaría que la sincronía corporal está directamente relacionada con la capacidad de interactuar socialmente.

El Dr. Yun nos cuenta cómo llegó a interesarse por la sincronía: “Una vez leí en una revista que las luciérnagas suelen sincronizarse cuando iluminan: mandan señales de un grupo a otro. Este comportamiento, social y de apareo, es bello y preciso. Esto me interesó mucho, y quise estudiar la sincronía en los humanos”, dice.

Aunque probablemente seamos menos elegantes que las luciérnagas, sobre todo si entran en actuación lectores infrarrojos y electrodos, la sincronía entre personas es un fenómeno real. Quizás finalmente tengamos un método para medir la cercanía social, como la de una madre con su hijo o la de una pareja de enamorados, a través de la sincronía corporal.
 
About Irene Jarchum

Irene Jarchum es científica y hace investigación en el campo de la inmunología.

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