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Jan. 30, 2013

Auroras extrasolares

by Investigación y Ciencia

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Una aurora polar (boreal o austral, según el hemisferio de observación) representa uno de los espectáculos más fascinantes de la naturaleza. Este fenómeno, envuelto de misterios y connotaciones mitológicas, religiosas y folclóricas durante muchos siglos, se revela desde la Tierra en forma de nubes irregulares y colores intensos y tiene su origen en el Sol. Las temperaturas tan elevadas del plasma que constituye su superficie permiten a las partículas dotadas de carga eléctricas escapar de la fuerza de gravedad del astro y «volar» hacia el espacio exterior. Así es como se forma el viento solar, una corriente de partículas que embiste todos los planetas e interactúa con sus atmósferas.
 
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En el caso de la Tierra, los protones y los electrones transportados por dicho viento son canalizados por el campo magnético del planeta hasta chocar con su atmósfera, cerca de los polos. Las colisiones excitan los átomos de oxígeno y nitrógeno que la componen, emitiendo luz en una amplia gama de colores y generando las fluorescencias típicas de las auroras polares. Y antes de interactuar con la atmósfera terrestre, las partículas cargadas procedentes del Sol también emiten ondas de radio, que pueden ser detectadas incluso si las observamos desde el espacio interplanetario.
Con todo, las auroras polares no son fenómenos exclusivos de la Tierra. Las más brillantes son las que ocurren en Júpiter, unas 100 veces más luminosas que las terrestres. Hasta la fecha, los estudios sobre este fenómeno nunca se habían centrado en astros ubicados más allá de Neptuno. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Leicester ha encontrado pruebas de estas fluorescencias fuera del sistema solar.
 
El trabajo, publicado en la revista Astrophysical Journal, ha demostrado que las ondas de radio emitidas por algunas enanas ultrafrías, la clase de estrellas más pequeñas en términos de masa conocidas, procederían de un fenómeno similar al de la aurora. Su identificación podría, por tanto, permitir el hallazgo de exoplanetas que no pueden ser descubiertos con los métodos actualmente en uso, además de ayudar a recabar información sobre la duración de los días en otros planetas, la fuerza de sus campos magnéticos y la interacción con sus astros vecinos.
 
Más información en Astropphysical Journal y en arXiv.
Publicado originalmente en Investigación y Ciencia
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