Los lagos salados se encuentran en zonas áridas donde el clima ha concentrado los compuestos salinos dejados por la evaporación, ya que no hay otra ruta de egreso para el agua. Entre los lagos salados hay el Mar Muerto y el Mar de Aral en Asia, Mono Lake en los EE.UU., y Mar Chiquita en Argentina.
Aparte de su valor económico–soportan industrias pesqueras y a la ganadería, por ejemplo–los lagos salados prestan servicios ambientales como la regulación del clima local. Pero son muy sensibles al desvío de sus ríos tributarios, un problema que ha afectado a los mares salados más grandes del mundo.
El Mar de Aral, situado entre Uzbekistan y Kazakhstan, desafortunadamente ha ganado el apodo ‘mar perdido.’ En los años 60, bajo programas soviéticas de irrigación, se empezó a desviar grandes cantidades de agua de sus ríos tributarios. El nivel del agua ha disminuido 15 metros en 30 años (video acá)–una perdida del 90% según algunos cálculos–y la salinidad ha subido tanto que la mayoría de las especies nativas ya no sobreviven. La industria pesquera desapareció. Ahora, con suerte, se puede pescar la artemia, un crustáceo que habita en aguas salobres.
La evaporación de los lagos también crea plumas de polvo y sal que han tenido efectos negativos sobre la agricultura, los suelos, y los humanos. Vientos fuertes pueden extender las plumas por cientos de kilómetros. Este es un problema que también se ha visto en Mar Chiquita, un lago salado en Argentina. Pero también se ha enfrentado con distintos problemas.
Mar Chiquita, un lago salado en Argentina
Ubicado en las provincias de Córdoba y Santiago del Estero, Mar Chiquita es uno de los lagos salados más grandes del mundo: tiene una área de 5.000 kilómetros cuadrados y es rico en biodiversidad, habitado por aves migratorias y tres especies de flamingos.
La elevada biodiversidad que tiene Mar Chiquita le da un alto valor de conservación, dice Erio Curto, coordinador de la Estación Biológica Mar Chiquita. Curto y colegas de la Universidad Nacional de Córdoba y la fundación medioambiental Promar están monitoreando varios aspectos de la laguna y desarrollando un plan de manejo.
“Los lagos salados tienen en algunos casos importancia económica por la cantidad de minerales que de ellos pueden extraerse y en otros, como sucede con Mar Chiquita, tienen un alto valor de conservación por la elevada biodiversidad que sustentan,” me explicó Curto por correo electrónico.
Mar Chiquita ha sufrido varios cambios en las últimas décadas. Gracias al cambio climático, el lago se ha alterado profundamente. Entre 1970 y 2000, la cantidad de lluvia aumentó un 30 por ciento, lo que resultó en un incremento de 9 metros al nivel del lago y una disminuición de la salinidad: cayó del 23 por ciento a menos de 3 por ciento. Esto abrió paso a que distintas especies entraran.
Desde entonces, dice Curto, “se ha revertido en los últimos años durante los cuales gran parte de Argentina viene sufriendo una importante sequía que determinó una marcada reducción de la superficie de Mar Chiquita.” Curto dice que estos hechos son seguramente influidos por el fenómeno El Niño y también exacerbados por la “descontrolada extracción de agua desde su principal tributario, el río Dulce.”
Según los estudios de Curto, el nivel de la laguna disminuyó medio metro y la salinidad subió 10 gramos por litro en 2008. La reducción del nivel del Mar Chiquita dejó expuestas playas de sal que con el viento fuerte se volvieron nubes de polvo que se extendían cientos de kilómetros.
Bárbara Arias Toledo está estudiando las interrelaciones de los pobladores y las areas aledañas a Mar Chiquita, en un proyecto de la Cátedra de Antropología Biológica y Cultural de la Universidad Nacional de Córdoba. Toledo y sus colegas quieren saber cómo utilizan los pobladores el medio en dónde viven y cómo se aprovechan de la biodiversidad del ecosistema (de forma de las plantas medicinales y alimenticias).
Toledo y Curto son dos científicos dedicados a comprender el equilibrio del ecosistema de Mar Chiquita y esperan poder entender cómo manejarlo apropiadamente.
Fotos – Elida Ripoll via Panoramio, Santiago Gassó, NASA/GFC, USA.







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