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Feb. 22, 2012

Una especie patagónica en camino a la extinción

by Aleszu Bajak

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Bajando hacia el este de los Andes se encuentra la estepa patagónica, un paisaje de transición entre el bosque y el desierto en el centro de Argentina, salpicado por arbustos y cipreses. El Río Limay corta este medio árido, donde viven, a lo largo de sus orillas, unos roedores llamados Tuco-tucos.

Los tuco-tucos son animales agresivos y territoriales que pasan la mayor parte de su vida bajo tierra. Algunos pueden llegar a pesar mas medio kilo. La mayoría de las cincuenta especies de tuco-tuco que se encuentran en América del Sur son solitarias y habitan todo un rango de tierras, desde las dunas de arena hasta los prados de montaña. Sin embargo, una especie patagónica se ha ganado el nombre de “tuco-tuco colonial”, o Ctenomys sociabilis, debido a su complejo sistema social. Hasta seis hembras pueden compartir una misma madriguera, a veces por cuatro años, todas ellas muy emparentadas. Pero algunos científicos están cuestionando la ventaja de este comportamiento social. El tuco-tuco colonial está en peligro crítico, la única población conocida está limitada a la orilla occidental del Río Limay.

Oliver Pearson (1915-2003), un biólogo de la Universidad de California en Berkeley, junto con su colega y amigo Miguel Christie, describieron la especie sociabilis. En la decada de los 90, una bióloga de Berkeley llamada Eileen Lacey, interesada en el trabajo de Pearson, se dedica por varios años a estudiar el comportamiento del tuco-tuco colonial. Lacey y colegas estudiaron parte del genoma del roedor social y encontraron algo sorprendente: la especie tenía una diversidad genética muy baja.

La diversidad genética es importante para cualquier población sana. Más variación genética significa más versiones diferentes de los genes y un amplio menú de genes asegura la salud de una población, funcionando como seguro contra algunas enfermedades hereditarias. Esta es la ciencia que se oculta tras la tragedia de algunas familias reales europeas como la Casa de los Austria, quienes llegaron a cruzarse tanto entre sí (endogamia) que Carlos II de España nació con serios problemas físicos y mentales. Pero no tenemos que echar mano de la historia necesariamente, lo mismo sucede en algunas poblaciones animales en cautiverio actuales, como en las de los zoológicos, donde no hay suficientes individuos para mantener un grupo genéticamente sano.

Para el tuco-tuco colonial, su reducida diversidad genética es resultado de una drástica reducción de la población. Hace 3.000 años los tuco-tucos experimentaron lo que los científicos llaman un cuello de botella poblacional. Pero, ¿qué podría haber hecho desaparecer la mayor parte de la población de este animal?

Mauro Tammone, un estudiante de doctorado en el Centro Nacional Patagónico de Argentina, ha aventurado algunas ideas sobre este desplome de la población. Tal vez un evento volcánico, dice Tammone. La Patagonia ha experimentado erupciones volcánicas desde hace veinte millones de años. De hecho, la mayoria de los yacimientos paleo-arqueológicos de la región presentan capas de material volcánico, llamado tefra. Lo que es interesante, dice, es que debajo de la capa de ceniza volcánica ha encontrado fósiles del tuco-tuco colonial, mientras que después de la capa volcánica no ha hallado ninguno. La única cosa que Tammone puede decir con certeza es que C. sociabilis sufrió una extinción super-local en el área donde esta la cueva.

A pesar de esta prueba geológica, hay evidencia viva que contradice la teoría del volcán. En la orilla opuesta del Río Limay vive una especie distinta llamada tuco-tuco patagónico, o Ctenomys haigi. Aunque de aspecto casi idéntico al de sus primos sociales a 100 metros de distancia, el tuco-tuco patagónico es totalmente solitario—y parece no haber sufrido un evento de cuella de botella. Un evento volcánico hubiera afectado a esta especie también, sugiere Tammone, ya que básicamente viven en el mismo lugar.

¿Cómo dos especies que son tan similares—mismo hábitat, misma apariencia—han podido responder tan diferente al evento o serie de eventos que provocó la pérdida de diversidad genética? La respuesta podría estar en lo que los distingue: su comportamiento.

“Esto es una indagación en lo que es la extinción”, dice Ulyses Pardiñas, paleontólogo en el Centro Nacional Patagónico y uno de los directores de Tammone. “Si resulta que la razón de que las cosas vayan tan mal para esta especie es su sociabilidad, si ése resulta ser su talón de Aquiles, sería terrible”, dice Pardiñas.

Cuando me reuní con ellos en la pequeña ciudad de Bariloche, a media hora de la cueva del Río Limay, Pardiñas y Tammone estaban clasificando egagrópilas de lechuzas y búo. Los encontraron dentro del rango del tuco-tuco colonial. Los investigadores quieren estimar la abundancia relativa de los diferentes roedores de la zona. Mientras clasifica huesos de diferentes roedores, Pardiñas me cuenta como la sociabilidad del tuco-tuco colonial podría ser una desventaja. ¿Qué pasa si la vida en grupo, tan ventajosa como es en seres humanos, fuera la razón tras la desaparición del tuco-tuco colonial?

Pardiñas propone una causa antropológica del desplome de la población. Los tuco-tucos han formado parte de la dieta local durante mucho tiempo. Los Selknam, aborígenes de la Patagonia desde hace unos 12.000 años, preferían los tuco-tucos al guanaco, dice Pardiñas, citando el trabajo del etnólogo y misionero alemán Martín Gusinde.

Tammone me enseña un fósil de tuco-tuco de 5.000 años de edad con evidencia de alteración térmica en sus incisivos. Eso es lo que sucede cuando se asan estos animales directamente sobre fuego, explica Tammone. Si los aborígenes sabían que este grupo de tuco-tucos vivían en colonias, eran más fáciles de matar que las otras especies de tuco-tuco que vivían vidas solitarias”.

Si de exterminio de tuco-tucos hablamos, esto es lo que le pasó al tuco-tuco magellanico (Ctenomys magellanicus) en Tierra del Fuego. De 1930 a 1960, hartos del tuco-tuco magellanico que excavaba huecos en sus pastos—dejaban montículos de tierra que ensuciaban la lana de las ovejas—los ganaderos pusieron en marcha una campaña de exterminio. Fabricaron cilindros con picos con los que atravesaban los pastos, empalando a tuco-tucos por centenares, relata Pardiñas. Esto casi los llevó a la extinción. Apenas está empezando a recuperarse la especie. Si su persecución ha provocado un efecto de cuello de botella hasta ahora no se ha estudiado.

Tammone junto Pardiñas y Lacey, los directores de su proyecto, siguen buscando la causa de la fuerte disminución de la diversidad genética del tuco-tuco colonial. Los científicos esperan que al contrastar estos roedores sociales con sus vecinos solitarios al otro lado del río podrán generar otras hipótesis. Así la investigación de
Tammone sobre los tuco-tucos fósiles puede contar la historia de los cambios a las poblaciones de tuco-tuco desde el último glaciar, que retrocedió de la Patagonia hace veinte mil años. Entre los fósiles de
roedores, las capas de ceniza volcánica, y la evidencia de las fogatas prehistóricas puede haber una explicación de por qué este roedor social está en camino a la extinción.

Foto – Aleszu Bajak, Mauro Tammone, Tatiane Noviski Fornel via Flickr.

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About Aleszu Bajak

Aleszu Bajak is a science writer based in Buenos Aires, Argentina. Before moving to the Southern Cone, he worked as a producer for Science Friday, as a research technician at Cornell's gene therapy department, and as a guitar teacher.

The views expressed are those of the author and are not necessarily those of Science Friday.

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