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Mar. 15, 2012
Sin sexo, los machos de Drosophila se dan al alcohol
by Luis Quevedo
Frustrados en sus aproximaciones románticas los machos de Drosophila consumen comida enriquecida con etanol, comparados con machos que sí han podido consumar su apetito sexual. El artículo publicado hoy en la revista Science por el equipo de Galit Shohat-Ophir de la Universidad de California en San Francisco revela el posible mecanismo que relaciona placer y drogas de abuso.
Los sistemas de recompensa del cerebro cumplen una función clave: favorecer que el organismo lleve a cabo tareas esenciales para su supervivencia y/o la de la especie como, por ejemplo, la alimentación, el sexo o la interacción social. Es decir, nada, ninguna experiencia, majar o idea es placentera de por sí sino que éstas activan un circuito del placer-recompensa que tiene nuestro cerebro. Es por ello que las drogas de abuso funcionan: a pesar de que no aportan nada que conduzca a la supervivencia del individuo o la especie, consiguen activar los mecanismos cerebrales reservados para premiar conductas que sí lo hacen.
El equipo de Shohat-Ophir ha utilizado la mosca del vinagre -Drosophila melanogaster- como modelo en este estudio porque uno de sus mecanismos de recompensa, el llamado neuropéptido F (NPF) tiene un homólogo en mamíferos (NPY) del que se ha demostrado que controla el consumo de alcohol y que se sabe es afectado por experiencias estresantes. A pesar de ello no se tienen todavía pruebas directas de la relación entre NPY, la interacción social y el consumo de alcohol. En Drosophila, algo similar sucede y se ha demostrado que la mosca puede volverse “adicta” al etanol, incluso cuando éste se combina con comida que normalmente sería rechazada.
El experimento consistía en separar a los machos de Drosophila en dos grupos. A unos se los sometió a sesiones de una hora con hembras que ya habían copulado- y que, por tanto, los rechazaban- tres veces al día durante cuatro días. Este tipo de condicionamiento reprime la conducta de cortejo en el futuro, incluso aunque se les empareje con hembras receptivas. En el otro grupo, algo totalmente diferente: se mezclaba a machos y hembras- a razón de un macho por cada cinco hembras, vírgenes y, por tanto, receptivas- en sesiones de seis horas de duración durante cuatro días. El experimento llega después cuando, después de los cuatro días con dispar fortuna, ambos machos se colocaban en un recinto donde tenían dos tipos de comida accesible: a la que están acostumbrados y otra enriquecida un 15% en etanol -el alcohol que podemos encontrar en cualquier cerveza o vino. ¿Los resultados? Los machos rechazados prefieren el alcohol, siempre.
Para aclarar el mecanismo del experimento, el equipo llevó a cabo ensayos destinados a eliminar dudas sobre la causa de la nueva preferencia: vivir en grupo o aislado, el rechazo personal o el accidental- se emparejó a machos con hembras vírgenes pero decapitadas-, incluso se tuvo en cuenta el diferente olor que las hembras no vírgenes tiene y su posible efecto sobre los machos. Nada apaga la sed de alcohol de los machos rechazados. Lo que sí marca diferencia es si, a estos machos que han sido rechazados, se les permite copular media hora antes de escoger la comida con o sin alcohol. Si copulan no buscan el alcohol.
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Artículo original: Sexual Deprivation Increases Ethanol Intake in Drosophila. 10.1126/science.1215932
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