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Mar. 28, 2012

Lucy no estaba sola. Una nueva huella en el rastro de la evolución humana.

by Luis Quevedo

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Hoy aparece publicado en la revista Nature un artículo destinado a agitar, todavía más, los ya ajetreados cimientos del modelo “estándar” de la evolución humana -la de nuesto género, el género Homo- en África hace entre 4 y 2 millones de años atrás.
 
Si quieres descubrir más sobre este hallazgo, te invitamos a que descargues nuestro podcast en el que tratamos el tema en profundidad con el experto en evolución, Carlos Lorenzo.
 
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En la imagen puede parecer poca cosa. Apenas 8 piezas que forman parte de lo que, hace 3.4 millones de años, fue un pie. Las características del pie no son sorprendentes en sí. Hace unos años, con la publicación, en la revista Science, del fósil más completo de Ardipithecus ramidus, ya nos habíamos familiarizado con la idea de que la bipedestación podría haber empezado antes de abandonar las ramas de los árboles y establecernos en el suelo de la sabana africana. Lo más sorprendente de este fósil es que nos cuenta una historia muy similar… un millón de años más tarde cuando ya pensábamos que el bipedismo -representado por la famosa Australopithecus afarensis “Lucy”- se había establecido entre nuestros antepasados.
 
Un equipo científico, liderado por Yohannes Haile-Selassie del Cleveland Museum of Natural History, en Estados Unidos, halló el fósil en una de las zonas menos exploradas dentro de la prolífica región de Afar -de ahí el nombre de Lucy, “afarensis”- en un estrato de tierra datado en 3.4 millones de años. Esta fecha nos dice que el fósil era contemporáneo de los Australopitechus que dejaron pruebas de una bipedestación casi humana en Laetoli 200.000 años antes. El problema aquí, claro, es que este fósil no pertence a un animal bípedo. Al menos no tan bien preparado para caminar como nosotros, o Lucy.
 
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Podríamos pensar que el hecho de que homínidos más y menos bípedos convivieran no tiene mayor importancia. La lógica dicta que unos -los menos bípedos- acabarían por extinguirse, mientras que los mejor adaptados a caminar – Australopithecus- acabarían dando lugar a nuestro género. El problema, sin embargo, es que el “modelo estándar” en evolución atribuye la evolución del caminar sobre dos patas a la progresiva desaparición de la selva tropical y sustitución por la sabana árida típica del Este de África hoy. La progresiva aridificación haría escasear los árboles y las ramas por las que desplazarse, favoreciendo a aquellos animales que aprendieran a vivir en el suelo.
 
Ardipithecus vivía en un entorno desamente arbolado, lo mostraba el paper de Science a través de otros animales junto a los que había quedado fosilizado. Australopithecus vivía en la árida sabana. Hasta ahí, todo encaja pero, ¿qué hacía el dueño de este pie -un pie adaptado a las frondosas alturas de la selva y a caminar por el suelo aunque con ciertas dificultades- en la sabana, junto a Lucy?

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Los pies son clave en el estudio de la evolución humana. En primer lugar, porque escasean. La frágil naturaleza de los huesos que los componen, junto con la facilidad con la que son destruidos por depredadores y carroñeros, hacen difícil su fosilización. Cuando fosilizan, la probabilidad de encontrarlos asociados -unidos físicamente o muy cerca de- huesos a través de los que resulte fácil identificar la especie a la que pertenecen, es bajísima. De hecho, los dientes -gracias a la dentina y el esmalte- y el cráneo son los huesos que más habitualmente son hallados y por los que se definen y clasifican las especies.
 
A pesar de su escasez, el papel de los pies en la evolución de nuestro linaje fue clave. Humanos y chimpancés nos separamos de nuestro ancestro común hace unos seis millones de años en algún lugar de África. Nuestros pies, desde entonces, tomaron caminos muy diferentes. Suponemos que los de los chimpancés no han cambiado mucho en este tiempo, siendo los humanos los que han recorrido un largo camino de modificaciones y selección.

Cuando un chimpancé se apoya sobre sus patas traseras -porque, aunque no sean bípedos, sí pueden ocasionalmente erguirse sobre sus pies- descargan todo el peso de su cuerpo sobre la parte exterior de los pies sin apenas utilizar la planta del pie o los dedos. En cambio, en la locomoción humana, apoyamos el talón, después -aquí sí que de un modo parecido a los chimpancés- el exterior del pie y, conforme desplazamos nuestro peso hacia delante, el peso se desplaza hacia el centro de la porción anterior del pie para, finalmente, acabar impulsándonos con el dedo gordo. Esta diferencia hace que ciertas características del puente y los dedos del pie, sean exclusivamente humanas.

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El pie de este fósil no es humano. No es, ni siquiera, de Australopithecus -un pie que aunque adaptado a la bipedestación, retenía características de sus antepasados arbolícolas- porque tiene un pulgar oponible muy pronunciado, útil para agarrarse de las ramas -el uso que le dan los chimpancés y que se le asume al pulgar de Ardipithecus.
 
Como nos comentaba Carlos Lorenzo, especialista en la evolución de la mano y el pie e investigador del IPHES, este fósil se sitúa a medio camino entre el pie de un chimpancé y el de un humano. Sus características, en el contexto geográfico y temporal en el que se han hallado, lo convierten en un fósil muy importante en el estudio de la evolución humana. Este fósil generará un fuerte debate sobre las condiciones ambientales y ecológicas que favorecieron la aparición de un género Homo caracterizado por el bipedismo.
 
La investigación en evolución humana está, en estos últimos años, dando crecientes cosechas de fósiles, tecnologías, teorías. Es un momento excitante en el campo. Cada vez más nos acercamos a respuestas concretas sobre tú historia y mi historia. Sobre la historia de todos los humanos que poblamos el planeta.
 
Descubre más sobre evolución humana en SciFri en Español en El principio. Del árbol, y del bosque que tapaba y La evolución continúa. También para los humanos.


Vídeo producido por Nature (en inglés).
Artículo original doi:10.1038/nature10922 www.nature.com
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About Luis Quevedo

Luis is the Spanish Language Producer for NPR-Science Friday/ Recovering scientist that moved away from the bench and towards the light of the cathode ray tube of tv. He is a filmmaker, writer, producer, tv-host, and cultural agitator.

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