Jun. 27, 2012

NASA ICEBridge. Entrevista a su director científico, Michael Studinger.

by María José Viñas

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Michael Studinger es el director científico de la Operación IceBridge de la NASA. Se formó como geofísico en Alemania, su país de origen, antes de mudarse a los EE.UU. para trabajar en el Lamont-Doherty Earth Observatory y luego trasladarse al NASA Goddard Space Flight Center en 2010. Studinger lleva 18 años estudiando las regiones polares, ampliando su enfoque inicial en la geología y tectónica del continente antártico a la dinámica general de los casquetes polares.
Studinger acaba de regresar de Groenlandia, donde estaba dirigiendo la campaña ártica 2012 de la Operación IceBridge.
 
Esta ha sido la cuarta campaña ártica de IceBridge. ¿Qué diferencias hubo respecto a años anteriores?
 
Volamos más que el año pasado: Durante los 75 días que estuvimos allí, sólo tuvimos que cancelar un vuelo debido al mal tiempo – lo nunca visto. También hemos ampliado nuestro análisis del hielo marino: por primera vez, hemos recopilado datos en los mares de Chukchi y Beaufort. Pero el cambio más importante este año es que hemos creado una nueva serie de datos procesados, la cual entregamos al National Snow and Ice Data Center mientras todavía estábamos en Groenlandia. Modeladores y otros científicos están ahora utilizando esta serie de datos para mejorar sus predicciones de la extensión mínima anual del hielo marino ártico. Con esta nueva serie, podemos añadir a los modelos nuestras mediciones del espesor de hielo en marzo y principios de abril, y ver cómo mejora la predicción de la extensión mínima anual.
 
¿Cuáles son los beneficios del mejorar la predicción de la extensión mínima del hielo marino ártico?
 
Hay bastante gente interesada en saber cuán gruesa o delgada será la capa de hielo marino a finales de verano: entre ellas, la gente que vive  en el Ártico y las empresas de transporte marítimo, que quieren estar preparados. Es como con las previsiones meteorológicas a largo plazo: a los agricultores les gusta saber si van a tener una temporada de lluvias o una sequía.
Además, como se trata de una predicción relativamente a corto plazo, nos dirá si nuestros modelos funcionan bien o no. Esto nos ayuda a mejorar nuestras previsiones, ya que podemos comparar los resultados con la realidad en pocos meses.

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Durante esta campaña ártica, IceBridge colaboró con CryoVEx, un proyecto de la Agencia Espacial Europea (ESA) para validar y calibrar el satélite CryoSat-2. ¿Que tal fue la colaboración?
 
Realizamos dos vuelos coordinados con CryoVEx. Nosotros estábamos estacionados en Thule, Groenlandia, y ellos estaban en Alert, Canadá. Ambos despegamos al mismo tiempo y volamos hacia un mismo lugar en el Océano Ártico, con CryoSat-2 sobrevolando la zona. Fue un gran esfuerzo de coordinación. Ambos tomamos medidas del mismo punto de la trayectoria del satélite, separadas entre sí por unas pocas horas. El equipo de CryoVEx cuenta con instrumentos similares a los nuestros, pero también tienen algunos que nosotros no tenemos. IceBridge cuenta con un conjunto único de instrumentos para el hielo del mar que incluye el único radar de nieve del mundo capaz de operar desde el aire. Al combinar los datos de todos los instrumentos, podemos aprender mucho sobre lo que cada instrumento está viendo y sobre las mediciones del hielo marino de CryoSat-2.
 
¿Cómo es una típica campaña del Ártico?
 
Empezamos en Thule, porque queremos llevar a cabo los vuelos sobre hielo marino cuando las temperaturas siguen bajas en el Océano Ártico. Por esa época del año está bastante oscuro en una zona tan al norte [Thule está 750 millas por encima del Círculo Polar Ártico]. Justo tenemos suficiente luz diaria para llevar a cabo los vuelos sobre el hielo marino, empezando en la segunda quincena de marzo y durante tres semanas. Luego bajamos hasta el centro de Groenlandia, mientras todavía hace frío allá,  y realizamos tres o cuatro semanas de vuelos sobre la capa de hielo terrestre. A continuación volvemos a Thule, porque ya hace demasiado calor en la mitad sur de Groenlandia, y terminamos los vuelos sobre el casquete de hielo terrestre de la mitad norte del país.
 
¿Podrías describir vuestra rutina diaria en Groenlandia?
 
Nos levantamos a las 5 de la mañana. En Kangerlussuaq, intentamos estar en el aire a las 8:30 y en Thule tratamos de despegar a las 8, cuando se abre el aeropuerto. Ocho horas más tarde, aterrizamos. Después de eso, tenemos una reunión diaria donde discutimos cómo transcurrió el vuelo y el plan para el día siguiente. Luego cenamos, consultamos el correo electrónico, miramos los datos que hemos recolectado... todo esto lo hacemos antes de irnos a dormir y empezar de nuevo al día siguiente.

¿Cómo difieren las campañas del Ártico y de la Antártida?
 
Usamos diferentes aviones: un P-3B para el Ártico y un DC-8 para la Antártida. En Groenlandia, iniciamos casi de inmediato la recolección de datos tras despegar desde Kangerlussuaq o Thule, excepto en las misiones de estudio del hielo marino. En la campaña Antártica, estamos estacionados en Punta Arenas, en el sur de Chile, así que primero tenemos que viajar un par de horas. Una vez en Antártida, sólo podemos recopilar datos durante unas pocas horas antes de volver a  Chile. Por lo general, en el DC-8  volamos de once a once horas y media, mucho más que las cerca de ocho horas de vuelo con el P-3.

Llevamos dos instrumentos extra montados en el P-3: el radar de acumulación y el magnetómetro (que es mucho más fácil de instalar en el P-3 que en el DC-8). Lo que pasa es que no hay espacio en el fuselaje del DC-8 para montar las antenas del radar de acumulación y tampoco hay mucha necesidad de utilizarlo en la Antártida. La acumulación de nieve en Groenlandia es mayor y podemos ver las capas anuales con este radar, algo que sería mucho más difícil en la Antártida porque allí nieva menos.

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Personalmente, ¿prefieres una campaña más que la otra?

No, simplemente son diferentes. Los aviones son distintos: el DC-8 es mucho más cómodo y menos ruidoso. No tenemos la vibración del P-3, así que podemos trabajar durante los vuelos de tránsito a la Antártida. Pero son vuelos muy largos.

Y, científicamente, ¿es una campaña más interesante que la otra?
 
No para mí. La mayor parte de mi trabajo lo he hecho en la Antártida pero estoy cada vez más interesado en lo que Groenlandia tiene que decirnos. Si nos fijamos en los dos mayores glaciares que estudiamos, Jakobshavn Isbrae en Groenlandia y el glaciar Pine Island en la Antártida, el tipo de mecanismo mediante el que ambos están perdiendo hielo es similar – el agua caliente del océano está derritiendo el hielo por debajo. Así que estamos estudiando procesos similares. Es mucho más difícil llegar y recoger datos en Antártida pero, desde un punto de vista científico, tenemos que hacer las dos cosas o, de lo contrario, sólo tendríamos una visión parcial de lo que está sucediendo.

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¿Cómo va a ser la campaña antártica del 2012?
 
Va a ser más corta de lo normal, por una serie de razones. Principalmente porque NASA ya ha prometido el DC-8 a una campaña de investigación internacional en Tailandia con varios aviones y también está reservado después. Vamos a tratar de volar tanto como podamos, utilizando dos aviones: un GV de la National Science Foundation, que volará a gran altura, y el DC-8 de la NASA, que volará bajo.

¿Qué depara el futuro para IceBridge?
 
El plan es empezar a utilizar vuelos no tripulados, sobretodo sobre el hielo marino del Océano Ártico, pero todavía no sabemos los detalles. Vamos a hacer algunos vuelos de prueba sobre el Océano Ártico a finales de este año con el Global Hawk de la NASA llevando el radar o el altímetro láser a bordo. Pero no creo que vayamos a reemplazar completamente los vuelos tripulados.
 
Una vez se lance el satélite ICESat-2, ¿continuará la campaña IceBridge de alguna forma?
 
Siempre habrá necesidad de campañas aéreas porque algunos datos sólo se pueden recolectar usando aviones y, además, tendremos que calibrar y validar los datos obtenidos por el satélite. Para poder responder a nuestras preguntas como, por ejemplo, cuál será la contribución de Groenlandia al aumento del nivel del mar en los próximos 20 o 30 años necesitaremos diferentes escalas, longitudes de onda y tipos de mediciones.
Por ejemplo, si sólo dispusiéramos de datos provenientes de ICESat-2 sobre cómo está cambiando la elevación de la superficie, sabríamos mucho, pero nunca seríamos capaces de responder con certeza qué está causando estos cambios. Es casi como si estuviéramos tomando el pulso a un enfermo: sólo estaríamos estudiando los síntomas de la enfermedad, sin entender qué la está causando.
Para poder entender por qué la superficie de la capa de hielo está cambiando, tenemos que averiguar lo que está sucediendo debajo del hielo, porque eso es lo que está causando muchos de los cambios. Y esos son datos que no se pueden recolectar desde el espacio. Necesitamos un avión que vaya allí y consiga una imagen más precisa de lo que sucede debajo del hielo y otros parámetros, como la acumulación de nieve anual, que se puede estudiar mucho mejor desde un avión. No será solamente un satélite lo que nos dará respuestas, ni una medición aérea aislada- todo tiene que funcionar conjuntamente.
About María José Viñas

Escritora científica de la NASA

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