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Aug. 08, 2012

La cazadora de supernovas más joven del mundo

by Juan Scaliter

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“Todo empezó con una apuesta. Cenaba con mi familia y unos amigos de un grupo que estudiaba el cielo buscando nuevas estrellas. Alguien dijo que en el grupo estaba el descubridor más joven de una supernova. Entonces yo me puse de pie y les dije que lo haría antes. Tim Pucket, uno de los amigos de mi padre y director de la asociación, aceptó el desafío y me dejó formar parte del equipo. Tuve que comprar un ordenador mejor y dedicar mucho tiempo a comprender cómo estudiar el cielo. Pero a los 7 meses, después de dedicar 2 horas diarias para comparar imágenes, gané la apuesta.”
 
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Quien me cuenta esto es Caroline Moore, una chica que hace 3 años, cuando tenía 14, se convirtió en la persona más joven del mundo en descubrir una supernova.
 
Aunque para Caroline todo comenzó mucho antes: cuando le regalaron su primer telescopio a los 4 años. Hoy tiene 10 ¡y uno es rosa!  Aunque ninguno de ellos le sirvió para encontrar la supernova SN2008ha.
 
Las estrellas también nacen, crecen y mueren. Llega un momento, después de miles de millones de años, en el que explotan y se convierten en los fuegos artificiales del cielo: la luz que producen puede llegar a verse de día y durante meses. Eso es una supernova y es el evento más espectacular del universo.
 
Desafortunadamente no siempre se pueden ver sin telescopio ya que a veces ocurren muy, muy lejos. Mirando hacia el cielo es muy difícil hacerse una idea de lo grande que es. Si se redujera el tamaño de nuestro planeta 300 millones de veces, la Tierra sería como una pelota de golf. La Luna, del tamaño de un guisante, estaría a la distancia que separa la punta de los dedos de la mano izquierda de los de la mano derecha con los brazos completamente extendidos. El Sol sería un globo de 4 metros de diámetro y estaría a 450 metros. Y ahora empezamos a alejarnos: Júpiter, el planeta más grande de nuestro sistema, mediría lo mismo que un balón de playa y estaría a 2.5 kilómetros de distancia. En este modelo, para llegar a Júpiter, habría que dar 5.000 pasos. Y para alcanzar el final del sistema solar, que ahora mide 19 kilómetros, habría que caminar casi 10 horas. En este modelo, la estrella más cercana estaría a 30.000 kilómetros. Y esto si la Tierra tuviera el tamaño de una pelota de golf.
 
Los telescopios nos sirven para poder espiar lo que sucede muy lejos. Hay algunos tan potentes que si te alejaras 6 kilómetros de tu mesa, podrías leer en la pantalla de tu computador sin esfuerzo.
Pero Caroline no tiene un telescopio tan potente. Lo que ella hace es algo que cualquiera podría hacer. “Cada día – me cuenta – recibo por correo electrónico cerca de 100 fotografías de diferentes partes del cielo, de dos en dos. Una de ellas es muy reciente y la otra puede tener un mes. Mi tarea es compararlas, como en esos juegos en los que buscas las 7 diferencias, solo que en este se trata de buscar una...y no siempre existe. Hay que aprender a diferenciar estrellas, planetas, nebulosas... Cuando ingresé en el grupo tuvieron que pasar meses y debía analizar miles de imágenes hasta que encontré una en la que podía haber una diferencia. Lo antes que pude, porque somos muchos comparando imágenes, se la mandé a Tim y crucé los dedos. Pasaron dos días en los cuales la imagen fue estudiada por el grupo que confirmó que allí había algo y luego se envió a diferentes universidades que también la estudiaron.  Y entonces, una noche a las 11:30, mi padre me despierta: “Tim quiere hablar contigo”, me dijo. Yo estaba muy dormida, al día siguiente tenía un examen y no me enteraba de nada. Le pregunté que quería y me dijo: “Has descubierto la supernova que destruirá la Tierra”. Por supuesto era mentira: había descubierto una supernova...pero no destruiría la Tierra.”
Esta es la fotografía (2) que le permitió a Caroline descubrir SN2008ha…¿podrías señalar dónde está la supernova sin ayuda?
 
¿Por qué son tan importantes las supernovas?
Por una simple razón: sin ellas no estaríamos aquí. Todo, incluidos nuestros cuerpos, está formados por miles de millones de átomos. Más de la mitad de un cuerpo humano son átomos de oxígeno, una cuarta parte son de carbono, el 10% de hidrógeno y el resto de calcio, fósforo y otros elementos... que se formaron en las estrellas. Por ello, aunque parezca increíble, estamos hechos de polvo de estrellas.
 
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Los elementos, como el oxígeno o el carbono, son la materia prima del universo. Es como si la naturaleza jugara a los legos, le encanta construir y para ello utiliza tres bloques distintos. Si pudieras estudiar la materia con un microscopio muy potente, lo más pequeño que podrías ver, o casi, es lo que se llama átomo. Dentro del átomo están los tres ladrillos: protón, neutrón y electrón. Lo que hace que un elemento, por ejemplo el oxígeno, sea oxígeno y no, supongamos, hierro, no es de lo que está hecho ya que ambos están construidos con los mismos legos, sino cuántos bloques tiene. El oxígeno tiene 8 y el hierro 26. Esto explica la diferencia.
 
El elemento más simple es el hidrógeno porque tiene un solo protón (3). Pero le gusta mucho la fiesta y juntarse con otros como él. Si lo hace con poca fuerza no pasa nada, pero si la reunión se produce en una estrella, donde las temperaturas son altísimas, los átomos de hidrógeno chocan,  se y al hacerlo suman sus protones y se transforman en un nuevo elemento: el helio, que está formado por dos protones. A esa unión, se le llama fusión nuclear.
En ese momento empieza la fiesta en la estrella: si dos átomos de helio se fusionan se forma berilio (cuyo número atómico es 4, recuerda, dos protones de cada helio). Y aquí viene lo interesante para la vida en el universo: cuando a un átomo de berilio se le suma uno de helio, hace su aparición el carbono (que obviamente tiene como número atómico el 6) y que es el ingrediente esencial para la vida. Cuando un átomo de hidrógeno (número atómico 1) se fusiona con uno de carbono, forman un elemento que tendrá como número atómico 7: el nitrógeno. Y si a este se le suma otro átomo de hidrógeno más forma un elemento, de número atómico 8 que seguro conoces: el oxígeno. Si la estrella es suficientemente grande, el proceso continúa creando nuevos elementos hasta producir hierro (número atómico 26). Pero llega un momento en que tanta fiesta energética tiene su precio y todo explota. En cuestión de segundos la estrella genera una energía tan grande que su luz se puede ver aún de día y en ese tiempo alcanza miles de millones de grados, lo que le permite crear 56 elementos más: desde el hierro hasta el plomo (cuyo número atómico es 82). La explosión lanza todos estos elementos a millones de kilómetros por hora por todo el universo. Justo así llegó, por ejemplo, el oxígeno a la Tierra. Y esas explosiones son las supernovas.
 
¿Cuál fue la primera supernova descubierta?
Aunque tu no lo veas, las estrellas se mueven por el espacio. Todos los cuerpos del universo lo hacen. La Tierra, por ejemplo, gira alrededor del Sol a 108.000 kilómetros por hora.
 Por ello el cielo que ves ahora es algo distinto al que vio tu abuelo, al que miraba Newton o bajo el cual dormían los romanos.
Existe un campo de la ciencia que une arqueología y astronomía. Los expertos, y hay bastantes, estudian dibujos o representaciones de las estrellas hechas por antiguas civilizaciones y de acuerdo con su ubicación saben cuánto tiempo pasó desde que las dibujaron.
Uno de estos expertos se llama George Michanowsky y fue él quien descubrió, en Bolivia, unas marcas en la piedra que podrían ser de la primera supernova: cuatro círculos pequeños rodeados por dos más grandes. Estos dibujos fueron hechos hace más de 10.000 años. Pero como no estamos seguros vayamos con una supernova que sí aparece en registros escritos. El más antiguo es del año 185 y llega desde China. 
 
Cai Yong se levanta temprano. Por fin el cielo se ha despejado. Lo nota aún con los ojos cerrados: la luz no le deja dormir mientras juega con las sombras del jardín. La casa, cercana al palacio real, donde reina su señor, el Emperador Liu Hong, está completamente en silencio. 
Apenas sale al patio la ve. Ayer no estaba allí. Es una estrella más brillante que cualquier otra que haya visto jamás. Y por si fuera poco se ve de día. Había oído relatos similares de sus antecesores en el cargo de astrónomo real, pero nunca había visto una estrella invitada. Rápidamente dibuja en el papel un mapa del cielo y ubica su posición exacta. Lo mismo hará durante los siguientes 8 meses en los que la estrella es visible de día...hasta que desaparece como vino, como una invitada.
 
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¿Quieres convertirte en astrónomo y descubrir tu mismo una supernova?
Nunca lo has tenido tan fácil. Ni siquiera necesitas telescopio. Lo que tienes que hacer es ir a esta web.
 
Allí te registras y, como hizo Caroline Moore, deberás comparar imágenes de regiones del cielo buscando una estrella que haya explotado recientemente. Debes tener mucho ojo...y también mucha paciencia. Por si acaso, y entre nosotros, si no te gustan las supernovas o quieres algo distinto, puedes formar parte de otros proyectos. Buscar planetas nuevos, estudiar explosiones en el Sol, la superficie de la Luna o descubrir cómo se forman las galaxias. Con el universo puedes hacer lo que quieras porque, como me dijo Caroline al despedirse: “Lo que más me gusta de la astronomía es que está todo allí para descubrir, es un universo desconocido. En el espacio las cosas cambian constantemente y nunca sabes qué vas a encontrar.”
 

 

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About Juan Scaliter

Periodista científico de la revista Quo y autor del libro 'La Ciencia de los Superhéroes', ha colaborado en 'Asuntos Propios' de RNE, Muy Interesante México y multitud de otras publicaciones. Actualmente está escribiendo su segundo libro.

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