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Nov. 05, 2012

El vuelo número diez

by María José Viñas

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27 de Octubre
El vuelo de hoy, Getz 07, promete ser más escénico. Se trata del décimo vuelo de la campaña antártica (de un total de quince). Me explican que hasta la fecha, todo ha ido perfecto: las nueve misiones anteriores de IceBridge han sido en áreas de alto interés científico y bien distribuidas geográficamente por la Antártida. El único problema con el que el equipo se ha enfrentado ha sido una borrasca persistente en el área del Mar de Weddell que de momento no les ha permitido estudiar esa zona.
 
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En la Antártida, IceBridge cubre un área que va desde el Mar de Ross al oeste hasta el Glaciar Recovery al este – es decir, casi toda la zona costera de la mitad oeste de Antártida, el sector en el que se están produciendo más cambios. Además, la misión aérea puede explorar el “agujero polar”, la zona en la que los satélites no alcanzan a medir y que es representada como un círculo oscuro en imágenes basadas en datos de satélite.
 
Tardamos casi cuatro horas en llegar a la zona de estudio – en las horas muertas, se agradecen los cómodos asientos reclinables del DC-8. El tamaño de los asientos y el fuselaje no son la única diferencia con el avión P3-B que utilizamos en el Ártico. Por ejemplo, en este avión disponemos de una rudimentaria conexión a Internet. Cuando digo “rudimentaria” no estoy siendo despectiva: el mismo técnico que la mantiene me cuenta que es más propia del año 1992 que del segundo decenio del siglo XXI. Al parecer, al estar tan al sur no podemos conectarnos a los satélites de banda ancha, que están agrupados sobre el ecuador. Así que lo que utilizamos es una conexión telefónica de Iridium –hay 66 satélites Iridium orbitando la Tierra, así que siempre hay alguno que pasa cerca. Usamos la conexión para enviar y recibir información meteorológica y otros datos necesarios para navegar, para un sistema de chat que nos permite comunicarnos con personal de tierra y con colegios que siguen nuestra campaña, y para realizar llamadas de teléfono. ¡Con un poco de suerte, durante uno de estos vuelos telefonearé a las oficinas de Science Friday y charlaré con Luis Quevedo, para el podcast en español!
 
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El DC-8 también dispone de un sistema interno de visualización de datos que nos permite seguir la ruta en nuestros ordenadores portátiles mediante Google Earth. El sistema también nos informa sobre la posición y velocidad del avión y las condiciones atmosféricas en el exterior, además de mostrarnos las imágenes captadas por dos cámaras de video montadas en el fuselaje exterior. Pasamos las horas muertas de tránsito mirando los mapas, observando como la figurita de un avión que representa el DC-8 se acerca cada vez más a la Antártida. 
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Me fascinan las vistas del hielo marítimo, algo que no tuve la ocasión de observar en la campaña ártica porque sólo participé en misiones terrestres. Desde la ventanilla observo gruesos témpanos que se han desprendido de las plataformas de hielo de origen terrestre y que ahora flotan junto a extensiones de translúcido hielo gris (hielo de primer año, de 15 a 30 centímetros de espesor) recorrido por venas de aspecto más opaco llamadas acordonamientos, o quebraduras donde el hielo se ha roto y vuelto a pegar.

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Por fin llegamos a la zona de estudio, que cubre seis glaciares previamente estudiados por el difunto satélite ICESat. El principal objetivo científico de este vuelo no es el medir la capa de hielo, sino explorar las propiedades de la base rocosa bajo el glaciar. Para ello, IceBridge combina las mediciones del gravetómetro con las de los rádares. Dedicaré otro post a explicar exactamente cómo.
 
Mientras tanto, ¡disfrutad de algunas de las vistas de este vuelo!

 

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About María José Viñas

Escritora científica de la NASA

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