Archive
2014
January
February
March
April
May
June
July
August
September
October
November
2013
January
February
March
April
May
June
July
August
September
October
November
December
2012
January
February
March
April
May
June
July
August
September
October
November
December
2011
January
February
March
April
May
June
July
August
September
October
November
December
2010
January
February
March
April
May
June
July
August
September
October
November
December
2009
January
February
March
April
May
June
July
August
September
October
November
December
2008
January
February
March
April
May
June
July
August
September
October
November
December
2007
January
February
March
April
May
June
July
August
September
October
November
December
2006
March
April
May
June
July
August
September
October
November
December
Nov. 16, 2012

Nuestro hombre del tiempo

by María José Viñas

Click to enlarge images
 
31 Octubre 2012
Llevamos tres días en tierra. El primero fue un día de descanso, ya que en la campaña antártica no se vuela más de dos días seguidos. Pero ayer y anteayer cancelamos debido a mal tiempo en las áreas que queríamos estudiar. 
 
Si algo he aprendido sobre el funcionamiento de campañas polares es que disponer de buenas predicciones meteorológicas puede ahorrarte mucho dinero: en el caso de IceBridge, unos 100.000 dólares (lo que cuesta el combustible empleado durante las doce horas de vuelo de cada misión). Pero por otra parte, el proyecto tampoco puede paralizarse al menor riesgo de mal tiempo, porque mantener a un equipo tan grande en el extranjero también tiene un coste diario considerable. Así que necesitamos pronósticos meteorológicos realistas.
 
Para ello, IceBridge emplea una combinación de “savoir faire” propio, análisis comparado de tres modelos meteorológicos, y el consejo profesional de meteorólogos locales.
 
John Sonntag, investigador sénior con el proyecto del láser, es un miembro clave del equipo meteorológico de IceBridge. Aunque su formación es en ingeniería aeroespacial y está especializado en trabajar utilizando laboratorios aéreos como el DC-8, hace ya más de una década que empezó a aprender sobre meteorología.
 
“Alguien tenía que hacerlo, así que me tocó a mí”, dice Sonntag. “Las misiones científicas tienen un presupuesto limitado, y no podemos permitirnos contratar a un meteorólogo que sólo trabajaría a tiempo parcial. Además, nosotros, los científicos, estamos más familiarizados con exactamente qué clase de condiciones meteorológicas necesitamos para llevar a cabo nuestros experimentos aéreos.”
 
Sonntag explica que se familiarizó con el tiempo en campañas aéreas anteriores a la era de IceBridge. Se trataba de misiones más modestas, con menos instrumentos a bordo y por lo tanto menos científicos para manejarlos.  Por aquel entonces, y tal como lo sigue haciendo ahora, Sonntag se reunía con los pilotos por las mañanas, antes de despegar, para discutir los pronósticos meteorológicos y decidir a qué área se dirigirían aquel día. 
 
“Los pilotos tienen muy buen conocimiento del tipo de tiempo que necesitan para volar: su principal objetivo es la seguridad, así que les preocupa que haya turbulencias o viento en contra que incrementaría el consumo de combustible”, explica Sonntag. “El objetivo de los científicos, en cambio, es que el tiempo nos permita recolectar datos. También nos preocupan las turbulencias, claro, porque podrían dañar a los instrumentos pero, sobretodo, queremos tener buena visibilidad, sin nubes bajas ni niebla.” 
 
He sido testigo casi una docena de veces de la pericia de Sonntag manejando predicciones del tiempo: en las reuniones diarias que tenemos con el equipo de IceBridge para discutir el plan del día siguiente, más de la mitad del tiempo se dedica al análisis que Sonntag hace de diversos modelos meteorológicos. En concreto, para descifrar los entresijos de la meteorología antártica, IceBridge compara tres modelos independientes: el llamado GFS (Global Forecast System), el de ECMWF (European Center for Medium Range Weather Forecasting) y el de WRF (Weather Research and Forecasting Model), todos ellos disponibles en la web. 
 
{"input":{"width":490,"photo":"icebridge20","row":"4517","table":"DOCUMENT"}}
 
 
El equipo de IceBridge conoce los tres modelos al dedillo: no sólo analizan su evolución día a día y semana a semana, sino que comparan predicciones pasadas con el tiempo real observado por los satélites, para ver si los modelos acertaron o no. Así aprenden, por ejemplo, qué modelo es mejor para determinadas áreas geográficas.
 
“En general, los tres modelos suelen coincidir y acertar en los rasgos generales de las condiciones meteorológicas, pero difieren en detalles. Y los detalles, como la niebla o las turbulencias, pueden determinar el éxito o el fracaso de nuestras misiones”, explica Sonntag.
 
Como Sonntag destaca, la niebla es uno de los principales enemigos de los instrumentos científicos de IceBridge, y también es difícil de predecir con precisión. Con el paso de los años, el equipo ha aprendido a discernir qué tipo de condiciones son las más propensas a crear niebla, como la calma chicha que permite que se acumule calima o corrientes cálidas de viento que al soplar sobre el gélido hielo marino producen condensación.
 
{"input":{"width":490,"photo":"icebridge30","row":"4517","table":"DOCUMENT"}}
El último paso antes de dar el visto verde a un vuelo es, unas horas antes de que el DC-8 despegue rumbo al sur, reunirse con los meteorólogos que trabajan en la sección de control de tráfico aéreo del aeropuerto de Punta Arenas. Los especialistas chilenos están particularmente familiarizados con el tiempo antártico, ya que por Punta Arenas pasan bastantes misiones dirigidas al continente blanco. Si el equipo de IceBridge y los meteorólogos deciden que pueden darles un nivel de confianza del 95% a las predicciones meteorológicas, se aprueba la misión. Si no, de vuelta al hotel, como nos ha pasado los últimos dos días.
 
Sonntag explica que, hasta la fecha, la habilidad del equipo de IceBridge para analizar las predicciones meteorológicas no ha fallado nunca: “En total hemos volado unas 200 misiones en los últimos cuatro años y nunca nos hemos topado con mal tiempo en nuestro lugar de estudio.”
About María José Viñas

Escritora científica de la NASA

The views expressed are those of the author and are not necessarily those of Science Friday.

Science Friday® is produced by the Science Friday Initiative, a 501(c)(3) nonprofit organization.

Science Friday® and SciFri® are registered service marks of Science Friday, Inc. Site design by Pentagram; engineering by Mediapolis.

 

topics