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Dec. 04, 2012

El rincón más cambiante de la Antártida

by María José Viñas

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4 Noviembre 2012
 
El de hoy será mi último vuelo de la campaña antártica de IceBridge, ya que me toca volver a Estados Unidos (preveo que será difícil readaptarse a la oficina tras dos semanas de fantásticos paisajes y de ciencia en vivo y en directo). Y para rematar mi experiencia, hoy nos dirigimos al glaciar Pine Island, uno de los lugares que más rápidamente se están derritiendo en la Antártida.
 
Pine Island es el canal de drenaje para aproximadamente un 10% del hielo del sector oeste de la Antártida, llevándolo hacia el mar de Amundsen. Se calcula que entre 1992 y 2005, el glaciar aceleró su transporte de hielo en un 50 por ciento, una cifra que continúa aumentando con cada año que pasa. 
 
Durante la campaña antártica del año pasado, IceBridge descubrió una enorme fisura atravesando la plataforma de hielo de Pine Island casi de lado a lado. La grieta medía casi 30 kilómetros de largo y más de 70 metros de ancho y los científicos calcularon que cuando terminara de romperse, produciría un iceberg de unos 900 kilómetros cuadrados, una superficie del tamaño de la isla de Manhattan. Icebergs de este calibre suelen despertar la curiosidad de la prensa, así que varios equipos de la NASA han estado tomando imágenes de satélite durante el 2012 para ver si acababa de desprenderse. Pero no ha sido así: a día de hoy, la fisura sigue sin completarse, aunque el pasado mayo produjo una grieta secundaria.
 
Hoy no estudiaremos Pine Island en sí, sino dos de sus tributarios: uno que fluye desde el norte y otro que discurre desde el suroeste. Ambos desembocan en la barrera de hielo del glaciar. Ésta es la primera vez que IceBridge estudia estos dos tributarios, así que una de las cosas que haremos es medir la altura del hielo en ambos glaciares secundarios, para poder ver en futuras campaña cuánto ha disminuido. Además, también tomaremos medidas del lecho rocoso bajo los tributarios. 
 
Antes de llegar a la zona de estudio, le pregunto al director científico de IceBridge si hoy veremos la famosa grieta. Me contesta que sí, pero de lejos: pasaremos a unos cuatro kilómetros de distancia. Lástima.
 
Aún así, las vistas de hoy no decepcionan: hacemos varios pases sobre las oscuras aguas de la bahía de Pine Island, repleta de icebergs de múltiples tamaños y formas.
 
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Mientras el equipo de IceBridge sobrevuela los alrededores de Pine Island, otro grupo, liderado por un científico del laboratorio de ciencias criosféricas de NASA Goddard Space Flight Center, Robert Bindschadler, se dirige hacia la plataforma del glaciar para perforarla e instalar una serie de sensores que medirán las aguas marinas bajo el hielo, las cuales se han calentado en las últimas décadas y están empeorando el deterioro de la plataforma de hielo. Bindschadler y su equipo llevan cinco años intentando estudiar este remoto rincón de la Antártida, pero las duras condiciones meteorológicas han frustrado varias expediciones. El tiempo parece ser más clemente este año, así que con un poco de suerte, el grupo de científicos podrá explorar qué factores influyen el movimiento de las aguas bajo la plataforma.
 
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Con la recolección de datos de hoy acabada, el avión gana altura y se dirige de vuelta a Punta Arenas. Disfruto por última vez de los paisajes helados de la Antártida, tan sobrecogedores y vastos que le hacen a una creer que permanecerán inmutables al paso del tiempo. Pero el análisis de los datos científicos recolectados tras décadas de estudios desde tierra, aire y el espacio nos dicen que las apariencias engañan – éste es un ecosistema frágil y, pese a ser un continente deshabitado, está sufriendo las consecuencias de la actividad de los humanos desperdigados por el resto del planeta.
 

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About María José Viñas

Escritora científica de la NASA

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