Bajando hacía el este de los Andes se encuentra la estepa patagónica, un paisaje de transición entre el bosque y el desierto en el centro de Argentina, salpicado por arbustos y árboles cipréses. El Río Limay corta este medio árido, dónde viven a lo largo de sus orillas unos roedores llamados los Tuco-tucos.
Tuco-tucos son animales agresivos y territoriales que pasan la mayor parte de su vida bajo tierra. Pueden llegar a pesar hasta medio kilo. La mayoría de las cincuenta especies de Tuco-tuco que se encuentran en América del Sur son solitarias y habitan todo un rango de tierras, desde las dunas de arena hasta los prados de montaña. Sin embargo, esta especie patagónica se ha ganado el nombre de “tuco-tuco colonial”, debido a las colonias sociales que forma. Hasta seis hembras pueden compartir una misma madriguera, a veces por cuatro años. Pero algunos científicos están cuestionando la ventaja de este comportamiento social. El tuco-tuco colonial está en peligro crítico, la única población conocida es limitada a la orilla occidental del Río Limay.
Oliver Pearson, un biólogo de la Universidad de California en Berkeley, describió por primera vez el comportamiento social de los tuco-tucos mientras estaba de viaje a la Argentina en 1984, y llamó a la especie Ctenomys sociabilis. En 2001, una bióloga de Berkeley llamada Eileen Lacey, interesada en el trabajo de Pearson, miró la genoma del roedor social. Encontró algo sorprendente: la especie tenía una diversidad genética muy baja.
La diversidad genética es importante para cualquier población sana. Más variación genética significa muchas versiones más de los genes. Un grupo grande de genes asegura la salud de una población y es un seguro contra las enfermedades hereditarias. Varias familias reales han bajado su diversidad genética en cada generación de la endogamia, a veces resultando en graves discapacidades físicas y mentales, como el Rey Carlos II de los Habsburgo españoles. Lo mismo ocurre en poblaciones animales en cautiverio, simplemente no hay suficientes individuos para mantener un grupo genéticamente sano.
Para el tuco-tuco colonial, la reducida diversidad genética es el resultado de una aniquilación histórica de su población, que se produjo hace 9.000 años, lo que los científicos llaman un cuello de botella poblacional. ¿Pero qué podría haber hecho desaparecer la mayor parte de la población de este animal?
Mauro Tammone, un estudiante de doctorado en el Centro Nacional Patagónico de Argentina, se ha aventurado a algunas ideas sobre lo que pudo haber causado este desplome de la población. Un evento volcánico es una teoría, aunque sea persuasiva, dice Tammone. La Patagonia se ha visto afectada por las erupciones volcánicas desde hace veinte millones de años. De hecho, Tammone ha encontrado una capa de material volcánico, llamado tefra, mientras excavaba fósiles de roedores en cuevas cerca del Río Limay. Lo que es interesante, dice, es que debajo de la capa de ceniza volcánica ha encontrado fósiles del tuco-tuco colonial, mientras que después de la capa volcánica no halla ninguno. La única cosa que Tammone puede decir con certeza es que C. sociabilis sufrió una extinción super-local en el área donde esta la cueva.
A pesar de esta prueba geológica, hay evidencia viva que contradice la teoría del volcán. En la orilla opuesta del Río Limay vive una especie separada llamada el tuco-tuco de Haig, o Ctenomys haigi. Aunque visiblemente es casi idéntica a la de sus primos sociales de 100 metros de distancia, el tuco-tuco de Haig es totalmente solitaria—y no han perdido nada de su diversidad genética. Un evento volcánico hubiera afectado a esta especie también, sugiere Tammone, ya que básicamente viven en el mismo lugar.
¿Cómo dos especies que son tan similares—mismo hábitat, misma apariencia—hayan podido responder tan diferente al evento o serie de eventos que provocó la pérdida de la diversidad genética? La respuesta podría estar en lo que los distingue: su comportamiento divergente.
“Esto es una indagación en lo que es la extinción”, dice Ulyses Pardiñas, un paleontólogo en el Centro Nacional Patagónico y un consejero de Tammone. Si resulta que la razón de que las cosas van tan mal para esta especie es su sociabilidad, si ese es su talón de Aquiles, eso sería terrible, dice Pardiñas.
Cuando me reuní con ellos en la pequeña ciudad de Bariloche, a medio hora de la cueva del Río Limay, Pardiñas y Tammone estaban clasificando egagrópilas de búo. Los encontraron dentro del rango del tuco-tuco colonial, y quieren estimar cuáles roedores son abundantes en la zona. Mientras clasifica los huesos de roedores diferentes, Pardiñas me cuenta como la sociabilidad del tuco-tuco colonial podría ser una desventaja. ¿Qué pasa si la vida en grupo, tan ventajoso como es en seres humanos, fuera la razón de la desaparición de la población del tuco-tuco colonial?
Pardiñas ofrece una causa antropológica del desplome de la población. Tuco-tucos han formado parte de la dieta local durante mucho tiempo. El Selknam, aborígenes de la Patagonia desde hace más de 12.000 años, preferían los tuco-tucos al guanaco, dice Pardiñas, refiriendose al trabajo del etnólogo y misionero alemán Martín Gusinde.
Tammone me muestra un fósil de Tuco-tuco de 5.000 años de edad con evidencia de daño de fuego a sus incisivos. Eso es lo que sucede cuando se asan a estos animales todo sobre el fuego, explica Pardiñas. Si los aborígenes sabían que este grupo de tuco-tucos vivían en colonias, eran más fáciles de matar que las otras especies de tuco-tuco que vivían vidas solitarias”.
De hecho, esto es lo que le pasó al tuco-tuco magellanico (Ctenomys magellanicus) en Tierra del Fuego. Es una de las otras dos especies de tuco-tucos sociales en el mundo (el otro vive en el extremo norte de Argentina, en una región llamada el Jujuy.) De 1930 a 1960, hartos del tuco-tucos magellanicos que excavaban huecos en sus pastos—éstos dejaban montículos de tierra que ensuciaban la lana de sus ovejas—los ganaderos pusieron en marcha una campaña de exterminio del tuco-tuco. Desarrollaron cilindros con picos y los empujaron través de los pastos, empalando a los tuco-tucos por los cientos, relata Pardiñas. Esto casi los llevó a la extinción. Apenas está empezando a recuperarse la especie. Si su persecución ha provocado un efecto de cuello de botella hasta ahora no se ha estudiado.
Tammone y Pardiñas siguen buscando la causa de la fuerte disminución de la diversidad genética del tuco-tuco colonial. Los científicos esperan que al contrastar a estos roedores sociales con sus vecinos solitarios a través del río puedan generar otras hipótesis. Y la investigación de Tammone sobre los tuco-tucos fósiles puede contar la historia de los cambios a las poblaciones de tuco-tuco desde el último glaciar, que retrocedió de la Patagonia hace veinte mil años. Entre los fósiles de roedores, las capas de ceniza volcánica, y la evidencia de las fogatas prehistóricas puede haber una explicación de por qué este roedor social está en camino a la extinción.
Foto – Aleszu Bajak, Mauro Tammone

























